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Hay días, en que agobiada por tanto trabajo, una quisiera dar carpetazo, meter cuatro cosas en la maleta y echar a andar, bien ligera, hasta llegar a cualquier rincón del planeta.
Hoy me he acordado de mi viaje a Copenhague y de tantas cosas como me quedaron por visitar. Ahora, aunque sea con la mente, daré el salto y me trasladaré hasta aquel lugar. Sólo por quince minutos.
Es que mi tiempo no me da para más...
Hoy me he acordado de mi viaje a Copenhague y de tantas cosas como me quedaron por visitar. Ahora, aunque sea con la mente, daré el salto y me trasladaré hasta aquel lugar. Sólo por quince minutos.
Es que mi tiempo no me da para más...

Jardines para pasear. Cuidados, silenciosos, tranquilos... Creo que ni los pájaros osan piar más alto de lo debido, para no estropear el momento de recogimiento.

El númerito diario hasta el palacio real. Cambio de guardia. Curiosidad. Es vistoso, desde luego. Sobre todo para los que no son del lugar, porque los daneses están hartos de verlo todos los días y ya como que no impresiona.

Esto no es para jugar a las casitas. Es la maqueta de la ciudad antigua de Copenhague, que se muestra en una pequeña plazoleta.

¿Quién quiere un Ferrari?
Vamos, vamos, que mañana pilota Fernando Alonso en Cheste, Valencia. A ver si él también vuela sobre la pista, tal como lo está haciendo Massa.
Ay, Dinamarca, Dinamarca, hermoso país... Quizá un día vuelva, cual golondrina, a pasearme por tus calles y pueblos. Queda tanto por recorrer...
María del Carmen Polo






